martes, 28 de febrero de 2017

Vamos a echar un polvo.

¿Usted usa rapé?… Quizá sea ésta la causa final de la existencia de la nariz humana.
Samuel Taylor Coleridge


Y ¿qué es rapé? Pues viene de rapé, palabra francesa, y significa «rallado». Claro: tabaco rallado. Eso dice la RAE, y es cierto, aunque los franceses prefieran decir tabac à priser, más técnico.
El monje Ramón Pane, que acompañó a Colón en su segundo viaje a las Américas, en 1493, observó que los indígenas de la actual Haití absorbían tabaco por medio de un tubo. Lo mismo vieron los portugueses en los indígenas del Brasil, que «utilizaban una mano de almirez de rosa y un mortero para moler el polvo», cuenta Dunhill en El noble arte de fumar.
Cómo se introdujo en Europa, al fin, es sencillo. Por dos vías: española y portuguesa, valga la redundancia. Los unos la llevamos a Holanda, que era tan nuestra como el valle de Cuelgamuros. Los otros la llevamos a Inglaterra, con la que siempre hemos tenido una relación económica de sumisión forzada. Y por medio, sobre todo, de un personaje inmortal. En 1561, el embajador francés en Lisboa, Jean Nicot, envió a Catalina de Médicis (reina madre de Francia, con Francisco II, Carlos IX y Enrique III) algo de rapé para combatir las migrañas de su hijo. Al instante quedo convertida a él. La nicotina, es evidente, rinde honores al apellido de tan solemne propagandista.
Aunque algunos intentaron excomulgar a los consumidores de rapé, como Urbano VIII y el zar Miguel I, su uso se extendió y poco a poco se hizo indiscutible aliado de la nobleza. Así, Luis XIII, Carlos II de Inglaterra, Federico el Grande, Guillermo III y su mujer, Napoleón, Jorge III y su mujer, Benedicto XIII y tantos otros aristócratas. Aparte: Kant.
Aunque el consumo de rapé no consistía, sólo, en esnifar. Como tantos otros placeres ocultos, tenía su ritual. Vuelvo a Dunhill: «el dandy quedó, al parecer, tan fascinado por la serie de requisitos para sorber el polvo de tabaco [que] fue costumbre que cada lechuguino rallara su propio rapé, y con esta finalidad tenía que llevar consigo un considerable equipo», el rollo de tabaco duro conocido como carotte, el rallador de madera y la cajita o tabaquera de rapé. Eso, en los equipos sencillos: había un alfiler para limpiar el rallador, una cucharilla para tomar el polvo de la caja, un cedazo para filtrar el polvo y hasta una pata de liebre para limpiarse la nariz.
Hola, amigos.
Aquí estamos con la más complicada tarea que conozco. Sabiendo la mala fama que precede a cualquiera que ose esnifar en público, aquí estoy yo, para defender las bondades de este tipo de tabaco.

Para empezar, os comunico que la primera fábrica de tabaco del mundo fabricaba este tipo de tabaco. Para esnifar. Para concretar más, os diré que la primera fábrica de tabaco de la historia fué en Sevilla, en el siglo XV, y fabricaba snuff, rapé, o tabaco de aspirar/esnifar.

Técnicas:

Respirar, más que esnifar.
Antes de nada, hay que decir que la esencia del snuff o rapé consiste en depositar el tabaco molido en la parte frontal de las fosas nasales.
Eso conlleva una aspiración muy floja. Si en lugar de eso, esnifas con fuerza, conseguirás un ardor incómodo en la nariz, y seguramente un molesto goteo en la garganta.
Si esnifas demasiado fuerte, el tabaco irá más allá de lo esperado, haciéndote toser, estornudar, ojos llorosos y una experiencia desagradable en general.


Es posible que te lleve un tiempo averiguar con cuanta fuerza esnifar. El mejor consejo es empezar aspirando con la mínima fuerza posible. El rapé más fino irá sin problema con la mínima fuerza, mientras que el más grueso tomará un poco más de esfuerzo. Ante la duda, esnifa flojo.